A medida que se avanza en edad y, paralelamente, nos enriquecemos mediante diversos medios culturales, van apareciendo ciertas evidencias.
En mi caso, dos muy claras. Una primera, el descubrimiento de nuevos pensamientos. Y una segunda, incluso de más relevancia: el enraizamiento de los ya existentes.
Últimamente, me pasa un fenómeno muy curioso con el cine. O bien, percibo los argumentos de las películas visionadas del todo insustanciales, o bien todo lo contrario, provocándome un arraigo en mis pensamientos.
Cotejado el argumento con algunos párrafos de la Historia, así como Avatar suscita al desprecio a la prepotencia de la condición humana, Ágora, enraiza ese sentimiento de aversión hacía "ella".
Ella...La más misericordiosa siendo despiadada, la más respetada siendo desprecio, la más venerada siendo agravio, la más concurrida siendo liviana, la más honesta siendo corrupta, la más honrada siendo ofensa, la más humilde siendo sobervia, la más escoltada siendo falso amparo....
Ella...¿quién sino?...La Iglesia.
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